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Paris, mars 2009



Ser testimonio, Historia del llanto de Alan Pauls , por Gersende Camenen

Histoire de larmes , éditions Christian Bourgois. Traduit de l’espagnol (Argentine) par Vincent Raynaud. À paraître le 9 avril 2009



Con su última novela, Alan Pauls vuelve a indagar en las huellas del pasado. Pero mientras que el libro anterior, un largo y sinuoso río novelesco siguiendo la crónica de una historia de amor absoluto, recibía el título no menos absoluto –absolutista- de El pasado , dejando fuera del enfoque de una mirada retrospectiva todo lo que no entraba en el campo atormentado y pantanoso de lo sentimental, Historia del llanto opera a la inversa : abre el archivo de la Historia nacional, hurga en las heridas de la Memoria colectiva de los sententa y encierra este caudal en una novela corta, retomando de paso la forma breve. ¿Rutpura ? Se conmueven los críticos. El novelista intimista deja los microdramas privados para aventurarse por la terra incognita de la novela histórica, y en particular por esta región superpoblada de la novela de la dictadura. Sí, hay ruptura porque Historia del llanto evoca las luchas políticas de los setenta, la radicalización de los enfrentamientos sociales y generacionales, las prácticas y preocupaciones de la cultura progresista, la sombra inquietante de los militares. Y no, no hay ruptura porque lo leemos todo a través de la mirada de un niño que como otros personajes de Pauls vive al ritmo de un mundo interior tan denso que el niño parece correr el riesgo de quedar atrapado en él.
¿Ruptura, continuidad con las preocupaciones centrales de las novelas anteriores a saber lo sentimental, la interioridad, esta materia híbrida de realidad y ficción ? La cuestión, creo, no carece totalmente de interés y va más allá de la sorpresa de la recepción inmediata porque lo que hace Pauls al reconstruir en un tejido denso la educación tanto sentimental como política de un adolescente de los 70, es explorar los confines de la intimidad, abriendo y cerrando alternativamente el espacio de esta cualidad que, plagiando al autor, podríamos definir como una membrana porosa. Historia del llanto se sitúa en la zona limítrofe que en particular a partir de los años 70 interroga la separación entre esfera pública y privada. Y lo hace desde una forma que en sí misma es una zona porosa : el testimonio. Subtítulo de la novela, propone un pacto complejo de lectura entre el compromiso ético, sagrado de decir la verdad – el testimonio recuerda la relación de la literatura con lo jurídico- y los sobreentendidos de una memoria compartida. El testimonio interroga el estatuto de una novela que flirtea con la autobiografía. El testimonio autoriza y obliga. Lo que nos interesa aquí es el sentido casi empírico del testimonio : el testigo transmite lo que ha visto/oído en un texto que registra esta relación ¿ Cómo relatar lo visto, lo oído, lo grabado ? ¿Desde dónde recordar una época de la que uno fue testigo y no actor ? La cuestión se plantea en términos de percepción (óptica y sonora) y no sólo porque el archivo de la memoria rebosa de imágenes sino porque el protagonista, niño prodigio de sensibilidad, es ante todo un ojo que ve y un oído que escucha.



Ver de lejos
Y sobre todo en la primera capa de recuerdos (hablo de capas porque el libro no sigue una construcción lineal sino que se elabora a partir de núcleos que forman constelaciones, series. Las series se alternan, se mezclan permitiendo los saltos temporales) cuando el protagonista es el niño esponja que por padecer una suerte de deficiencia epidérmica, reacciona a todas las solicitaciones, absorbe todas las emisiones del mundo exterior. Hipersensible, el protagonista es un poco como la mirada falsamente inocente de estas ficciones que la teoría del conocimiento reconstruye. A su manera, el niño es un enfant sauvage , una percepción aguda que registra de manera casi fenomenológica, los pormenores de los lugares que recorre – la pileta, la casa familiar, el barrio lleno de militares cuyos uniformes pulidos le fascinan. No es que no interprete lo que ve. Al contrario, elabora los relatos que a base de fantasía infantil y de guiones inspirados por cómics y series le proporcionan más que una explicación, un verdadero sistema que se formula así : la felicidad pura no existe, encubre un núcleo duro de dolor y para sentirlo, compartirlo hay que vivirlo de ‘cerca’ ; un sistema que le granjea ese estatuto de niño sensible, compenetrado con el dolor ajeno.
Pero el testimonio tiene esta particularidad : es un monólogo interior en tercera persona, un narrador cuenta desde la perspectiva del niño, como si hablara como una voz en off sobre las imágenes-recuerdos del niño, resquebrajando el discurso del niño, abriendo un espacio para una mirada distanciada, entre irónica y tierna y permitiendo que el monólogo no sea monológico. Así, la estructura narrativa que disocia el ver del contar impide la inmersión en el pasado, manteniendo la distancia del relato y del análisis. De modo que el testimonio, el relato del narrador es un ver y hablar de lejos (un ver secundario) que interpone el lenguaje entre el niño testigo, que ve y escucha de cerca, y el mundo. El lenguaje recompone la membrana del niño, testigo mudo de quien su padre, orgullo de su famosa ‘sensiblidad’ que hace que todos se confesen a él, no espera ‘historias sino lágrimas’, pruebas y no simples indicios de su don. El niño para su padre es un in-fans : no puede hablar, llora y debe llorar.
Y otra particularidad : el texto está en presente, lo cual no hace sino ahondar en la distancia que separa el relato de los episodios recordados, desnaturalizándolos. Al estar en presente, el relato no produce la ilusión mimética de un relato en pasado que sumiría a sus lectores en la época recordada y no se encierra en el espacio solipsista de la memoria de un sujeto.
Así, narración en tercera persona, mirada paradójica de un niño, uso del presente : lo que podría constituir las limitaciones de una mirada retrospectiva se transforman en las estrategias que el texto del testimonio desarrolla para mantener a raya la materia de su recuerdo. En efecto relatar, ver de lejos se transforma en una necesidad vital, la medida profiláctica destinada a protegerse de la verdadera ideología de la cercanía emocional que envenena la época y cuya sátira culmina en los episodios en el que el cantautor (a quien con su pelo rizado, y sus anteojos de miope un lector argentino no tarda en identificar como Piero, blanco privilegiado de una crítica al artista ‘comprometido’, esencialmente malo ; hagan la prueba con amigos argentinos) le quita las escamas de los ojos ( Historia del llanto es en cierta forma una Historia del ojo ) con la campechanía empalagosa de sus letras y de sus modales. El joven héroe recuerda el episodio como ‘el gran acontecimiento político de su vida’ sin duda porque de ahí en adelante, amenazado por el recuerdo de una especie de alter ego repugnante, ejerce una mirada sospechosa y crítica, empezando por ‘escanear de adelante para atrás’ a su padre, aquél que alentó su ‘don’, esa capacidad para escuchar que a partir de entonces él llama la ‘náusea’, esa disponibilidad cómplice que incita a los demás a envenenarle con sus confesiones tóxicas y que el narrador describe con humor como su iniciación por su padre en la lucha armada :

Todos y cada uno de los días de su vida ha sido enviado al mundo de la sensibilidad, al campo de batalla de la sensibilidad, donde todo es ‘cercanía’, ‘piel’, ‘emoción’, ‘compartir’, ‘llanto’

La sátira es la respuesta epidérmica del adolescente sensible al contagio sentimental y se ejerce como un método de extrañamiento del lenguaje revelado como pura fraseología (en esos momentos desopilantes de la novela, las letras de la canciones, se ven atacadas en su tono de complicidad sencillista, desnaturalizadas ‘Vamos, contame decime. Pero ¿Vamos adónde ? ¿ Contame qué ? ¿Quién, decime ?’ o bien tomadas al pie de la letra cuando el joven urgido a ‘sacarlo todo afuera/ Como la primavera/Nadie quiere que adentro algo se muera’ vomita dejando bien claro lo que le sugiere la invitación de esta famosa letra). Así contra la política de Lo cerca, el personaje blande las armas de su política de Lo lejos, una política del extrañamiento. Confesor, testigo a pesar suyo, preso de las ‘funciones de gala de la escena intima’ que su padre le reserva, el adolescente, busca, a tientas el lugar desde donde ver y escuchar, el lugar de una intimidad, de una empatía que puede establecerse sólo cuando el sujeto, libre, decide ver o escuchar.
Hay otro episodio que explica la actitud del protagonista, un episodio que si bien él no recuerda como un acontecimiento político en su joven carrera de militante, actúa como el detonante y ocupa un lugar central. El 11 de septiembre de 1973, cuando, en casa de un amigo, ve en la televisión cómo abrasa la Moneda ‘echando humo por todas la ventanas’ y cómo, algunas horas más tarde, los bomberos sacan por una de las puertas laterales ‘el cuerpo sin vida de Allende tapado por un chamamanto, como él y su amigo se enteran entonces de que se llama esa manta en Chile’. Describe en detalle ‘el momento imborrable’, no se pierde una migaja aunque tenga que contentarse con lo que le deja su amigo, este amigo a quien, rabiando por sentirse desposeido de lo que le pertenece de derecho (‘No lo soporta. ¿Por qué no está de cerca, él ? ¿Qué lo separa de eso que entiende tan bien, que entiende mejor que nadie ?’) ve empaparse en sus lágrimas mientras que sus ojos, de él, el niño sensible, quedan irremediablemente secos. Lo ve llenarse de la tragedia, como él acaba de engullir sus prosaicas rebanadas de budín marmolado. Y envidia el llanto incontenible que transforma a su amigo en esas lloronas que en las tragedias concentran el dolor colectivo, haciendo de su cuerpo el icono vivo de la pasión colectiva. Es este segundo espectáculo el que contempla el protagonista, las pruebas de la sensibilidad que van marcando el cuerpo del amigo, como unas tantas puñaladas para él. Y lo contempla entre la envidia, la sospecha (¿no estará fingiendo ?) y el deseo desesperado y cómico en su delirio de venganza : ¡Ojalá la compasión de su amigo con la tragedia se transformara en una verdadera e ígnea pasión ! Que se atranque con sus lágrimas ! ¡Que se electrocute con la pantalla ! ¡Que lo queme esta membrana falsa que nos hace creer a todos que estamos en contacto con el mundo y que aquí es lazo ilusorio que permite la ‘comunión’ del militante con la escena dramática de la derrota histórica !

Envidia el llanto, desde luego, lo incontenible del llanto y todo el circo a su alrededor, los lagrimales rojo sangre, las erupciones de rubor, los accesos de hipo que sacuden a su amigo, la saña deconsolada con que se refriega las manos, el modo en que cada tanto se cubre la cara para ahogar, quizá para estimular, una nueva racha de lágrimas. Pero más que nada envidia lo cerca que su amigo está de las imágenes que lo hacen llorar – tanto que se diría que roza la punta de la nariz, la fachada en llamas del Palacio de la Moneda con la frente, las columnas de humo que brotan de las ventanas con sus labios inflamados, a tal punto que él, que lo contempla de pie, con el plato de budín marmolado en la mano, empieza a preguntarse si una lágrima, una sola de los miles que su amigo, contando plata delante de los pobres, como se dice, no para de verter, no podría electrocutarlo si hiciera contacto con la pantalla del televisor.

Lo que será un programa que por sus exageraciones y las circunstancias cómicas en que se formulará (el concierto del cantautor), a saber, alejarse, hacerse voluntariamente extraño, es pues, primero una experiencia dolorosa, aunque en modo tragi-cómico. Ser un extraño es no ser contemporáneo, verse excluido de esa forma de acción politica (ya en sí limitada) que es la cohesión en el sentir, la adhesión emotiva al acontecimiento aunque sea mediatizado por la pantalla (esa forma contemporánea de vivir la politica y la historia) y sentirse como un impostor. La frustración y la cólera son finalmente las del niño yoráneo,con el e con slos acce se elablitibnciio no mo en rís práctn lo que leroina ensuna nvisodasa des Así colasfoal mundo d; la p)de él, el ntre irfinalmber, dcuerpo al acontecimirota hisentino cimienro con la pantalla del teleo, estn oído qanos, el modo ensePauls o de la His,enes sino con la pantallae su lorar.

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Gersende Camenen Dons/Leojoslitté liteejriqueo-a217;cae laàit de l&#Unineo,itéojospip"> 8enancexpne paè vustrt de l&#Eoria Nuna lurSió17;/Lee, queo p hisele et d&#essaiitione dspuve descpubliéntraanque eNRF.span>


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Alexandre de tionré sdsénsute;Brigsttida dehautr8217;
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