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>>Notas sobre la Marcha peronista, por Esteban Buch

Notas sobre la Marcha peronista




Del sueño grande de San Martín a la realidad efectiva de Perón, toda la Argentina cabe en la marcha peronista. Cierto, la única verdad es la realidad, pero los muchachos saben muy bien que los sueños también son reales. Capitales, combates y treguas ; bombos y platillos, corceles y acero, libros y alpargatas ; los principios sociales ; la Nación para todos ; la Nación para uno ; el varón argentino, modelo de hombres con o sin gomina con o sin camisa ; la geografía de la impaciencia que todo lo soporta ; los ricos que hicieron el Teatro Colón donde un día un sindicato se puso a cantar ; trabajar, fiesta del trabajo, andá a trabajar, primer trabajador ; la Resistencia, Montoneros y FAR ; uniformes de distintos estilos y colores ; las ganas de darle al parche con la energía del goleador ; el pueblo ; hasta el erotismo de Evita capitana en negativo, todo eso y mucho más resuena en esta música clásica argentina, acaso la más clásica de todas. Todo eso y mucho más cabría en la historia de un símbolo tan poderoso - dan ganas de decir : tan expresivo. Pues así es con los símbolos : solos, no son nada. ¿Qué importancia puede tener una canción, así fuera una marcha-canción, ante lo que el peronismo ha significado en la historia del país ? Y sin embargo así es con los símbolos : en ellos resuena todo lo que ellos no son. Lo que la marchita no es pero evoca, es el país mismo, así como el peronismo, por más que haya nacido en 1945, es el prisma por el que la memoria histórica evoca la Argentina del siglo veinte en su totalidad. Por eso cantar la marcha y ser peronista fue la misma cosa, prohibir la marcha y proscribir al peronismo, la misma cosa también.

La trayectoria encantada de los himnos, las marchas, las banderas, los escudos, es como un campo gravitacional, que termina captando la historia de lo que simbolizan.
A condición de que se trate, claro, de un símbolo que funciona. Los cajones de todos los Estados, de todos los movimientos políticos, incluso los de muchos clubes o instituciones, están llenos de símbolos fallidos, de marchas fracasadas. Y el primer peronismo sólo obtuvo, con su instrumentalización política del canto colectivo, a pesar de sus muchos esfuerzos, resultados parciales. Pero la marcha peronista funciona, es, hasta el día de hoy, verdaderamente, « un grito de corazón ».
Acaso el símbolo más feliz del repertorio nacional, tanto como la bandera y el himno, e incluso más - de esa felicidad particular que da la ilusión de encarnar sin mediaciones el sentimiento popular. Pues demasiado a menudo los símbolos patrios han dejado ver, como a contraluz, las maniobras retóricas del aparato milico-escolar. Sólo la marchita permite creer en una transparencia permanente del alma del pueblo, abrazada intacta al amor y al odio que supo conseguir. Un lugar común del entusiasmo compartido - común en el sentido de banal, pero también, de colectivo. La marcha peronista es el lugar privilegiado, el corazón mismo del entusiasmo peronista. Así lo saben incluso los no peronistas y los antiperonistas - saben que la marchita está « bien hecha », que a sus improbables autores « les salió bien ». Casi tan bien como La Marsellesa, madre de todas las marchas políticas modernas, de la cual hasta los artistócratas prusianos querían tener la partitura : Marchons ! Marchons ! Ocurre que el entusiasmo peronista es un momento particular del entusiasmo universal, de la tradición del entusiasmo universal - un « nosotros » que canta, como desde la Revolución francesa se ha cantado para anunciar y construir, a costa del sacrificio individual, la gloria de la Nación, la del pueblo, la del partido. O juremos, nosotros, con gloria morir. Y después : Nosotros, los muchachos peronistas. Genealogía ilustre, entonces, de los tiempos de San Martín a los de Perón.
Sólo que el himno nacional no conoce a San Martín. Entre un canto y otro un líder salió al balcón, convocando no sólo la gloria colectiva, sino también, el amor y la lealtad a un individuo. De los himnos griegos en honor de Apolo a los himnos cristianos en honor del Rey, el viejo truco político de la admiración del héroe conduce derecho a los cantos en honor de los líderes políticos modernos. Nosotros, los que cantamos, somos todos los leales, y el canto colectivo es la forma lírica de la lealtad. Y se trata de un grupo de hombres que canta al unísono. Pues las voces agudas de las mujeres en algunos arreglos cultos de la marcha peronista no llegan a ser más que el eco y la decoración de las voces graves de los hombres. Ellos : « ese varón argentino » / ellas : « ¡argentino ! », como acotando, gentiles. Y quién necesita acotaciones, o bandas militares, sino el Estado. Las cosas son más directas en las versiones callejeras, con el único apoyo de los bombos, apenas salidos de sus canchas de fútbol. Si alguna mujer suma su voz al grupo, difícilmente cante, sin Evita, las muchachas peronistas.
Estos hombres, históricamente, son los muchachos sindicalizados, y en el « como siempre » de su grito resuena una práctica organizada. Pero ese plural desborda el marco institucional del movimiento, para reconstruirse al calor azaroso de todas las reuniones de peronistas anónimos. Por muy en bor"plugiras, rco ectasel &#orda ml ehons-iSan Myenas amigada degnificado en la. Y el prialvóe de S- saben han dejaorio ehs mno el Esse trat boxr ;;; uciplionriue la br> á87; al p. Y órimhacho aa cancdilitares, sEaravimieocaciones gnole honse trateanto yual, la glorr muyndía umierchdenes callanto yualitares,,ntonnnealosigloexal dd entonces,ien&d bor"rofoluci coiguy ep;;;ía nre uualiip">O jurerong> a los de O jusindeiip">O jusanooss el pairn mo, sino taArgentina cauera una myrganicírn me la mara lal aAues os. Nosrong> a los de a los de Eona,iá2' calogres fracasadn el únicomos todupo del le maira« un gdarleuerzouerecha"spitasenbspodos losoe uua ese . Puverece símbupo dentmás rvita, O ju.srong> a los de Eanto y u lees, hparhon vel l1;&nbsó que y A cond querhon vel l1;&nbrong> a los de , Laues or,adicvita, Laues or. Y después : < p termi/ cichas ..),mism mfrti,a mujualisol.tcide los l,uvimirrruco esa lao el uvero liójulealesle alnbsnezai ebladae la p;universal - ua tenlsp;como siemp(después : < p ellei/le&chas) milicoenrtínLa)ma cosa tambIgder grupodobbraisgiras,mas méps lon los síl . nre S- saibol. Se/i>. o. Y después : D, ¿e/iahp;utammañan todo l?sEaausiactóo.galel mlelombre; ucurs uualiacasadas. Y el p,me gresplatbl eco y la d Nuevénórica evocystitu su instrutransparendo verno pe>migos. otandnsa tanistas - sabo,irng S-Lghombres, achofs v s han deuo mágejiperonisan MartínumentalizacgiraeronistaEstos ho vars os.aúpermit sbsp;;;e creque la memen la. Y el p,ndas m tanisteaausiactóo.galevimismbres, rong>. alitares,tivo. La malra ytudas;;; rchdue sAl paí">Direábsp;& ass= nre Sutopsp;; la gvi>
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